domingo, noviembre 07, 2021

El homenaje que no ocurrió

Mi padre

En el momento en que se publica este post hace casi exactamente una semana que falleció mi padre, José B. González Ortega, hecho acaecido el 31 de octubre de 2021, en Oviedo, a una hora que debió rondar las 11:45 de la mañana.


Y la misa funeral y el entierro tuvieron lugar el día 2 de Noviembre de 2021, en la Iglesia parroquial de San Salvador de Llanera y en el Cementerio de Cayés, respectivamente.


La muerte de un ser querido, especialmente un padre, es un hecho que, aunque con frecuencia, y también en este caso, es más o menos previsible, no deja de tomarte un poco por sorpresa y no es fácil de creer o asimilar del todo hasta mucho tiempo después, cuando la ausencia no sólo se sustancia, sino que se prolonga.


Al dolor y la sorpresa se une, además, una cierta confusión, una cierta vorágine que deriva del aspecto sin duda social de este tipo de eventos. la recepción, saludo y conversación con decenas y decenas de personas, unas muy próximas, otras no tanto, y muchas de las cuales hace mucho tiempo que no veías o, en algunos casos, que ni siquiera conoces o reconoces. Y a esto se una alguna  que otra obligación burocrática o logística.


Y fue un poco en ese contexto de vorágine y confusión que el homenaje que ocupa este post se perdió, se diluyó en la inexistencia. Simplemente, no ocurrió.


¿En qué consistía?


En el fondo algo muy simple. A apenas dos o tres horas antes de que tuviera lugar el funeral alguien muy próximo me preguntó si habíamos previsto hacer alguna despedida en nombre de la familia al final de la misa para agradecer la presencia de los asistentes. La verdad es que no lo sabía y yo no lo había pensado. Llamé a la persona de la familia que había organizado el asunto del funeral y me confirmó que no, que el plan era que el sacerdote dijera unas breves palabras al final en nombre de la familia. No me quedé muy a gusto, me daba un poco de pena no hacer algo más  y, por si acaso, sólo por si acaso se reconsideraba la idea, me medio preparé, de forma rápida y precipitada, garabateando aceleradamente en una hoja de papel doblado, el esquema de un pequeño discurso, un muy breve discurso que unía el agradecimiento a los asistentes con un breve homenaje a mi padre.


Al final, no se reconsideró la idea ni yo tuve la presencia de ánimo para insistir en ello, así que el discurso nunca se pronunció y el sencillo y breve homenaje que había pensado, simplemente, no ocurrió.


Pero me quedé un poco apenado y mal a gusto. Con razón o sin ella, lo cierto es que me gustaba lo que había pensado. Cuando conducía mi coche de vuelta camino de mi hogar pensé que, antes de que se perdiera, quería pasar a limpio, típicamente a un fichero Word, aquel breve texto, esbozado apenas a bolígrafo y con muy mala letra sobre un papel arrugado. Pensé escribirlo y pasarlo a limpio, sólo para mi propio uso y memoria.


El borrador del discurso

Pero hoy se me ha ocurrido que quizá, sólo quizá, era mejor dejarlo escrito y publicado en este mi blog más personal. En el fondo no hay tanta diferencia entre esto y guardarlo para mí. Sé que este blog recibe muy pocas visitas y nos es previsible que lo lea mucha gente.


Y eso es lo que voy a hacer en este post tras esta introducción y puesta en contexto. Si alguien llega a leerlo, recuerde que estaba concebido como un discurso breve (digamos que pensado para dos o tres minutos, como mucho cinco), pronunciado al final de una misa funeral realizada en Posada de Llanera y con la presencia de muchos familiares y amigos.


Sea como fuere, ahí va el pequeño discurso, y sobre todo el pequeño homenaje, tal y como lo pensé y garabateé un un folio arrugado.


***************** EL TEXTO DEL HOMENAJE ***************** 


Antes de finalizar, permitidme unas breves palabras en nombre de su mujer e hijos. Unas palabras de agradecimiento y homenaje.


En primer lugar, agradecimiento a todos los que os habéis acercado hasta aquí para dar el último adiós a mi padre. Agradecimiento a los que se han acercado durante estos dos últimos días al tanatorio para transmitirnos sus condolencias. Agradecimiento, también, a aquellos que nos consta que hubieran querido estar aquí pero no les ha sido posible. Y agradecimiento, en fin, a todos los que le acompañasteis y le distéis vuestro cariño y apoyo a lo largo de su vida, algo que, en el fondo, es lo más importante.


Y también unas palabras de homenaje.


Despedimos hoy a alguien que era padre, esposo, abuelo, tío o amigo. Despedimos a quien para algunos de nosotros era 'Papi', para mi madre 'Chini' o 'Gordo' y para otros de vosotros 'Pepe', 'Pepe de la Vega' o 'Pepone'.


Despedimos a un hombre, mi padre, que, aunque los que le conocisteis en edad ya madura a lo mejor no lo sabíais, tuvo que hacer frente a circunstancias muy duras en su juventud, teniendo que abandonar su tierra natal, Cuba, y emigrar a España sin más recursos que la compañía y ayuda de su mujer, mi madre, y con dos hijos, Clarita y Gustavo, y un tercero en camino, Javier. 


Y que tuvo que reconstruir desde la nada una nueva vida, comenzando desde muy cerca de aquí, desde los verdes prados de Cayés, desde La Vega, y con la incondicional ayuda de algunos de vosotros y de otros que ya se fueron.


Despedimos a un hombre, mi padre, de conversación fácil, rica, sustanciosa.


Despedimos a un hombre, mi padre, muy inteligente pero también muy amable.


Despedimos a un hombre, mi padre, enormemente recto, y sin embargo comprensivo y cariñoso.


Despedimos a un hombre que era, parafraseando al poeta, en el más cabal sentido de la palabra, bueno.


Nada más que el recuerdo puede llenar ahora el vacío de la despedida. 


Pero despedimos también a un hombre profunda y sinceramente creyente. Y es su propia fuerza, su propia fe, la que hoy nos hace confiar que en este momento nos observa ya desde ese lugar en que él tanto creía y en el que, sin ninguna duda, se merece tanto estar.


Muchas gracias.


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