No sé quién inventó esa irónica frase, tan certera, que decía algo así como que 'Hacer predicciones es difícil...especialmente si son a futuro'. Si a esto le añadimos que estamos hablando de un servicio tecnológico emergente y una predicción sobre mercados y estrategias empresariales tendremos un dibujo de casi total incertidumbre... Pero esto no es una predicción. El objetivo es mucho más modesto. Se trata, simplemente, de una apuesta. No tengo datos suficientes y ni siquiera conozco ni el el servicio ni el fenómeno en profundidad. Sólo dispongo de mi intuición y algún dato superficial. Pero voy a hacer juego... Desde que conocí lo que es Twitter y el fenomeno del microblogging me ha admirado que ambas cosas gocen del éxito que tienen en la actualidad. No acabo de entender ni su interés ni su valor añadido...ni el modelo de negocio que puede haber detrás. Sin embargo, y aunque tengo la sospecha de que se trata más de una moda que de un servicio realmente interesante y consolidado, estoy dispuesto a admitir que existe algo en este servicio capaz de enamorar a los habitantes del ciberespacio, capaz de ofrecer un valor y que, además, es posible que una empresa explote este servicio obteniendo beneficios con ello. No entiendo muy bien cómo ni por qué, pero estoy dispuesto a admitirlo.
Sin embargo, hace unos días observé que Facebook ofrece dentro de sus funcionalidades algo muy similar al microblogging y me empecé a preguntar si es posible la existencia de un servicio o empresa que sólo ofrezca el microblogging. He leído que se están estudiando nuevas e insospechadas aplicaciones de este servicio. No sé, tal vez en esas nuevas aplicaciones, en una eventual 'killer application' esté la respuesta y el futuro del microblogging. Pero mi jugada, la casilla de la ruleta que elijo para esta apuesta, no es esa.Mi apuesta va por el camino de la integración o la desaparición, tanto pensando el el servicio de microblogging en general, como en empresas, típicamente Twitter, que lo soportan. Si el microblogging no fuese más que una moda, si no fuese capaz de generar beneficios o de encontrar los servicios de valor añadido, no existiría más camino que la desaparición. Pero si es un servicio interesante funcional y económicamente, creo que su futuro pasa por la integración. No creo que una empresa como Twitter dedicada en exclusiva al microblogging pueda competir con gigantes que ofrezcan eso y más. No me parece el microblogging un servicio complejo técnicamente, todo lo contrario. Por tanto, los eventuales elementos diferenciales actuales de Twitter son fácilmente imitables y, por lo mismo, su ventaja competitiva débil. Gigantes como Facebook o, pongamos por caso, Google, creo que serían capaces de, en plazos cortos, poner en marcha un servicio de microblogging similar al de Twitter, servicio que podrían combinar con los de red social en el caso de Facebook o con la búsqueda, blogs y todo tipo de aplicaciones que ya ofrece Google. Ambas empresas citadas como ejemplo, Facebook y Google, tienen además, un reconocimiento de marca que entiendo igual o superior al de Twitter.
Así las cosas, y a pesar de su éxito actual, creo que en el futuro de Twitter hay más sombras que luces y que el simpático pajarito azul debe andar más bien de cabeza. No me extrañaría que Twitter desapareciese, ya fuese por muerte debida al desinterés del servicio o a la presión de los competidores (desaparición), o ya fuese por compra de la empresa por parte de algún gigante de los citados o algún otro (integración). Otra opción sería que Twitter se reinventase para ser algo más que una empresa de microblogging, otra forma de integración, aunque, según el camino que eligiese, la competencia podría ser muy, muy dura...y llevar igualmente a la desaparición por extinción, fusión o adquisición.Desaparición o integración. Esa es la apuesta.
No va más. Ya la bolita rueda por la ruleta.
Mundo Azul
Hace unos días, José Manuel Calderón, el jugador español de los Toronto Raptors, se convirtió en el jugador en activo de la NBA que más tiros libres seguidos ha encestado sin un solo fallo en la temporada regular, alcanzando la friolera de más de setenta lanzamientos convertidos de manera consecutiva. Siempre me ha admirado, a la vez que he sentido que escapa a mi comprensión, esa facilidad encestadora de algunos jugadores, esa precisión que raya con lo irreal, que es casi, casi, sobrehumana, que roza la perfección. Y siempre me he preguntado cómo puede ser posible esa perfección.
Es de suponer que ese amago de perfección se alcanza a base de técnica y de repetición. La técnica pone las bases para un desempeño excelente. Da gusto observar, si es posible a cámara lenta y desde sus espaldas, a los grandes tiradores cuando efectúan un lanzamiento lejano, cómo ejecutan el tiro, cómo colocan todo su cuerpo: las piernas en equilibrio, el brazo de tiro completamente extendido, la mano muerta con el dedo corazón apuntando al aro...y el balón que majestuosamente se dirige a su objetivo con una leve rotación en sentido inverso a las agujas del reloj. Uno ve esas imágenes y piensa de nuevo en la perfección, en que, tirando así, es imposible fallar.
No. En otras ocasiones, este mismo José Manuel Calderón, el jugador del lanzamiento perfecto, cuando tenga que superar una fuerte defensa, cuando tenga que decidir qué jugada marcar a sus compañeros, cuando el partido se encuentre en una situación difícil, tendrá que echar mano de su talento creativo y decidir, adaptándose a la situación y circunstancias de cada momento, cuál es la mejor jugada, cuál es la mejor opción o cómo inventarse una asistencia imposible. Se ayudará de su técnica y reflejos, sí, pero primará en este caso la improvisación, la creatividad. La perfección no será, en este caso, fruto de la automatización sino, todo lo contrario, de la innovación y de la creatividad que sirvan para sorprender a los rivales.
Hace algunos años, Arnold Schwarzenegger protagonizaba una película de título 'Jingle all the way' traducido en España como 'Un padre en apuros'. En ella, el musculoso actor encarnaba a un padre, demasiado volcado en su trabajo, cuyo hijo ha pedido a Santa Claus el regalo de moda: el muñeco Turboman. Pero claro, tan de moda esaba que, cuando el descuidado padre intenta conseguirlo, ya es demasiado tarde y el preciado juguete está agotado en todas las tiendas.
Sin embargo, este año he creído percibir una situación algo diferente que me ha hecho reflexionar sobre los efectos de la crisis y la actitud del sector de la distribución ante ella. Por un lado, es un fenómeno muy comentado cómo las rebajas de Enero se han adelantado unos días en un desesperado intento por aprovechar la campaña navideña para obtener mejores resultados.
He caido en la desesperación del padre en apuros pero también en el asombro ante este fenómeno. ¿Ha sido pura casualidad y he pedido, precisamente, los productos agotados? Puede, pero lo dudo. ¿Ha sido imprevisión de fabricantes y/o distribuidores e incapacidad de anticipar la demanda? También pudiera ser, pero también lo dudo. Tengo, más bien, la sensación de que la industria de la distribución, tan atormentada por la crisis como los padres por la falta de juguetes de moda, ha adoptado una actitud conservadora, prefiriendo perder unas ventas, quizá en la esperanza de vender productos sustitutivos, que afrontar las posibles pérdidas derivadas de un stock difícil de vender pasadas las fiestas.
La Navidad, aparte de otras muchas cosas, es una época muy adecuada para el retorno y el reencuentro. Unos días para volver. Volver en muchos sentidos. Volver a encontrarse con la familia, volver a los paisajes y calles de nuestra infancia, volver a la alegría de la amistad compartida, volver a sentirte limpio y alegre, volver a revivir ritos, costumbres, tradiciones. Volver, como el afamado turrón, a casa por Navidad.
Estos días navideños he vuelto a recorrer las calles de mi buena ciudad de Oviedo, engalanada de luces y espumillones, alborotada de risas, compras y bullicio. He vuelto a ver a padres y hermanos, suegros y cuñados. He vuelto a encontrarme con los amigos de siempre e, incluso, supongo que por mor de la magia navideña, he compartido una copa con algún amigo al que hacía más de veinte años que no veía. Me he sentido a gusto. Me he sentido bien. Me he sentido cómodo. Me he sentido en casa.
La Navidad. Una época para el retorno y para el reencuentro... con otros y con uno mismo. Una época para poner orden, sentido y paz en nuestras vidas. Un momento para volver al hogar... en muchos sentidos.
Ha sido una semana movidita en mi pequeño rinconcito de la blogosfera, en esa mínima parte de la web 2.0 que recorro con frecuencia. Algún pequeño malentendido, algún ligero mal humor, algún mal sabor de boca. Nada, tampoco, de demasiada importancia.
Existen dos disciplinas, dos áreas de conocimiento que, aunque me interesan y me parecen importantes, me resisto a denominarlas como ciencias. Una de ellas es la psicología y la otra es...la economía.
Si la economía fuese una ciencia madura, se hubiera podido prever la actual crisis con bastante antelación. Cierto es que, antes de que empezásemos a sentir sus consecuencias, algunos ya apuntaban a que iba a suceder esta desaceleración, estos problemas económicos a nivel mundial. Pero no parece que esos avisos se hayan producido con la suficiente claridad, anticipación e irrefutabilidad que caracterizarían a la predicción de una ciencia madura.
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Ayer, por una extraña coincidencia que ahora no sé explicar, busqué a ABBA en Youtube. Y allí pude ver el vídeo de la interpretación de '
Y hoy ha vuelto el sonido de ABBA, como el aroma de Heno de Pravia, a llenar mi hogar. Hoy he recordado las viejas canciones casi olvidadas. He rememorado cuando esa música era realmente algo especial y he visto, con una sonrisa solapada, cómo empieza a significar algo parecido para mi hija, apenas una pre-adolescente.
Hace unos días estuve jugueteando un poco con LinkedIn, una red social de carácter eminentemente profesional. Me habían invitado a formar parte de la red de conexiones de una persona que conocía por motivo de mi trabajo. Acepté y me dediqué a curiosear por sus conexiones. Reconocí a muchas personas. Fue interesante. Pero lo que más me llamó la atención, lo que motiva esta entrada, fue otra cosa. Una de las personas, a la que conozco (¿conozco?) adjuntaba un enlace a su blog. No me detuve demasiado, pero si me resultó llamativo descubrir, a través de ese blog, algunas aficiones e inquietudes de una persona a la que trato con alguna frecuencia...pero a la que sin duda no conozco, no realmente.
Las redes sociales, lo que en el mundo Internet se conoce como redes sociales, reproducen muchos de los comportamientos de las redes sociales reales, las relaciones que se establecen entre personas. La tecnología nos facilita mucho el establecer contacto con gran cantidad de personas, generar una red que alcanza, fácilmente, a varios miles de contactos en solo uno o dos niveles de distancia. Son eso, contactos, punteros, pero ¿ son auténticas conexiones ?.
¿ Qué sabemos realmente de la persona con la que contactamos y que a veces se oculta tras un nick o un avatar ? ¿ Qué sabemos de sus circunstancias, de sus inquietudes, de sus aficiones, de sus problemas ? No es que la redes sociales sean malas, no es que la tecnología sea mala. Todo lo contrario. Lo que ocurre es que la relaciones humanas, incluso en el hiperconectado mundo de la web 2.0, siguen siendo complejas, y tras un contacto, tras un nick, se oculta, al igual que tras una tarjeta de visita o tras una entrevista, una persona, nada más y nada menos que una persona, uno de los mayores misterios conocidos ¿ o debiera decir desconocidos ?
Es la noticia de la semana: Barack Obama, el carismático Obama, el candidato que, seguramente, mejor encarnaba la esperanza de un cambio y de un futuro, ha sido elegido presidente de los Estados Unidos. Y ha caído derrotado John McCain, un candidato probablemente con más experiencia, pero también más gris.
Si nos guiamos por las apariencias, el pueblo norteamericano ha optado por la ilusión. Ha confiado en esa fresca imagen de renovación, de cambio y de fe que encarna Barack Obama y que tan bien expresa su afortunadísimo eslógan '
Acudo en el metro al trabajo. Voy leyendo. En un momento dado hago un alto en la lectura y levanto la vista. A mi lado se encuentra una chavalilla, una niña, leyendo. La forzada intimidad del transporte público me permite distinguir frases del libro que lleva en las manos. Es un libro, aparentemente una novela, en inglés. Me sorprende en una muchacha tan jovencita. Muevo unos centímetros la mirada y veo, a su lado, a otra chiquilla cuyo gesto de seriedad y concentración contrastan con las dulces facciones de su rostro de colegiala. El libro objeto de su atención es un volumen bastante grueso. Parece otra novela...y también está en inglés. Un poco más allá un hombre maduro, de pelo entrecano, dedica el tiempo a hacer crucigramas.
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Pero si caprichosas son las suertes del amor, más aún lo son las del deporte y el automovilismo. Y cuando la desdicha y las averías, incluso el desánimo y la renuncia, parecían cebarse sobre nuestro caballero astur, héte aquí que en la cálida noche oriental surgió un '
Hace unos días que ha entrado el otoño. Pero esta web, Mundo Azul, ha estado viviendo todavía, en buena medida, de las experiencias del verano. Muchas de las fichas de libros que he publicado ultimamente se corresponde con libros leídos en el verano, o comenzados a leer, o siquiera adquiridos en la estación estival. Incluso algún vídeo o reportaje, como los dedicados al baloncesto olímpico, se han alimentado de las experiencias de esa época maravillosa de calor y holganza.
Pero el verano ha acabado ya definitivamente y, con la salida a la luz de la versión de este domingo 28 de Septiembre, que incluye los últimos comentarios sobre la final de baloncesto de Pekín 2008, he finalizado la publicación de todos los contenidos que, de una forma u otra, estaban ligados al verano. A partir de ahora comienza el verdadero otoño. Una nueva estación, una nueva temporada. Esperemos que sea fructífera.
Cae la noche en Madrid. Regreso del trabajo cansado, pensativo, ausente.
Lo que tengo en mis manos es poesía, un poema de amor mal tipografiado pero que no me parece carente de sentimiento y calidad. Quisiera leerlo despacio, saborearlo, e intentar apreciar si el texto que sostengo entre mis manos tiene algún valor literario. Pero las reglas del juego marcan otra cosa. El tren se acerca a la siguiente parada y el hombre de la barba entrecana ya se acerca hacia mí mientras recoge con mirada triste y agotada, los papelitos que ha entregado a otros pasajeros.
¿ Cuál es el valor del esfuerzo ? ¿ Cuál el del mérito o el talento ? ¿ Cuánto vale la lucha sin victoria ? ¿ Es cierto eso de que lo importante es sólo participar ?
Tal vez al final nos quedara una cierta tristeza, una congoja por no haber conseguido una proeza que en muchos momentos pareció posible. Tal vez haya sido una pena.
La pasada noche del sábado, asistí a la representación de la obra '
Los seres animados tienen su ciclo vital. Lo conocemos bien: nacen, crecen, se reproducen y mueren. Pero aparte de este ciclo global, existen otros ciclos más reducidos que afectan al tono físico y al estado de ánimo. No sé qué grado de credibilidad científica tiene el concepto, pero ya hace años se comenzó a hablar de biorritmos para describir, entiendo, esos ritmos biológicos internos de cada ser vivo.
Lo cierto es que en el último mes o dos meses, he podido asistir, en ese microciberespacio constituido por los blogs y foros que más frecuento, a un fenómeno generalizado de decaimiento. Blogs y foros muy activos hasta hace no mucho, se encuentran casi parados e, incluso, en algunos casos, sus responsables anuncian una pausa, un alto en el camino, a veces temporal, a veces definitivo, a veces no se sabe.
Hace unos días he comenzado con un nuevo blog. El título del mismo es, precisamente, 

